Las vacaciones finalizan y Alicia regresa a casa. Está feliz, pudo cumplir con sus deseos y ahora no puede esperar para encontrarse con él nuevamente. Mientras organiza sus cosas lo recordaba, su torso fuerte, sus brazos moldeados, una barba insipiente y un buen par de piernas. Pero en realidad, lo que más añoraba era aquella noche en el bar, cerca a la playa. Alicia se encontraba en la barra degustando de un margarita, él se le acercó y comenzaron a hablar, fue algo natural, una cosa llevó a la otra y terminaron en el baño del bar. Los besos fueron extensos, él comenzó a subir sus manos hasta acariciar los esplendidos pechos deliciosos y cremosos de Alicia. Ella comenzó a suspirar de placer, él bajo y comenzó a jugar con su lengua, repetía una y otra vez sumergiéndose en ese pubis suave, rosado, casi virginal, fue un retroceso a los días escolares. Alicia continuaba suspirando, sus orgasmos se repetían, hasta que él se detuvo. Alicia lo necesitaba, rápidamente comenzó a hurgar entre los pantalones del extraño y se encontró con miembro exuberante, una barra candente que incitaba con movimiento casi epilépticos, para ella era su majar, su dulce favorito. Comenzó el recorrido besando el pecho firme de su amante, luego llegó hasta aquél viril órgano y lo introdujo lentamente en su boca, no era rápido, muy lento, su lengua golpeaba suavemente la cabeza del miembro mientras sus labio lo rodeaban y se movían de atrás hacia adelante. El placer llegó a su clímax, él no aguanto más y la poseyó ferozmente, la volteó y de espaldas introdujo su miembro en la entrada al paraíso. Alicia comenzó a llorar de placer, él explotó dentro y salió despedido. Alicia se desvaneció, su cuerpo, totalmente complacido, se dejó caer viajando en una nebulosa tenue, el desconocido salió del baño. Alicia intentó seguirlo con la mirada pero ya era tarde. Cuando logró recuperarse, se levantó, organizó su vestido y caminó de nuevo a la barra, no había nadie, lo único que la esperaba era un margarita. Se lo tomó mientras en su cabeza giraba aún, los placeres de aquel encuentro.
El recuerdo la comenzó a poner húmeda, estaba tan excitada que no se dio cuenta que aquel extraño había entrado en su alcoba y ahora la sometía entre sus brazos, la llevó de nuevo al cielo, la trajo de vuelta a la tierra y al final le preguntó ¿cómo estuvo tu viaje mi amor?
Alicia en el país de las maravillas eróticas
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